El Cielo

"(A veces, los muertos andan un cierto tiempo, antes de ser conscientes de su nueva condición…)"

Escrito el 27 Sep 2015
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"(A veces, los muertos andan un cierto tiempo, antes de ser conscientes de su nueva condición…)"
"Este articulo es un homenaje a un inolvidable amigo y familiar, Don Reginaldo Atanay"
Río de Janeiro. Atanay.Com.- Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme, cayó un rayo y los tres murieron fulminados.
Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales. (A veces, los muertos andan un cierto tiempo, antes de ser conscientes de su nueva condición…)
La carretera era muy larga y colina arriba el sol era muy intenso; ellos estaban sudados y sedientos.
En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.
El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:
- Buenos días.
- Buenos días - Respondió el guardián.
- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
-Esto es el Cielo.
- ¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
- Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera.
Y el guardián señaló la fuente.
- Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
- Lo siento mucho -dijo el guardián- pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles.
A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.
- Buenos días- dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
- Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
- Hay una fuente entre aquellas rocas -dijo el hombre, indicando el lugar.
- Podéis beber toda el agua como queráis.
- El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre.
- Podéis volver siempre que queráis -le respondió éste.
- A propósito ¿Cómo se llama este lugar? -preguntó el hombre.
- EL CIELO.
- ¿El Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
- Aquello no era el Cielo. Era el Infierno -contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo.
- ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! -advirtió el caminante.
¡De ninguna manera! -increpó el hombre.
- En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.
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*Esto no es parte del articulo de Paulo coelho-
*“La Tienda del cielo”.
Andaba yo por la carretera de la vida tiempo atrás y un día ví un letrero que decía:
Cuando me aproximé, la puerta se abrió...
y cuando me dí cuenta ya había entrado. Vi grupos de ANGELES por todos lados!
Uno me dió una cesta y dijo: ”Hijo mío, compra todo lo que quieras, En la tienda hay todo lo que un cristiano necesita...
...Y lo que no puedas cargar hoy, puedes volver mañana y llevarlo sin problemas”.
Lo primero que agarré fue PACIENCIA y luego AMOR, estaban en el mismo estante.
Mas adelante estaba la COMPRENSIÓN
y también la compré; iba a necesitarla donde quiera que fuera...
Compré, además, dos cajas de SABIDURÍA y dos bolsas de FÉ No pude dejar de lado al ESPÍRITU SANTO pues estaba en todo el lugar...
Me detuve un poco para comprar, FUERZA y CORAJE pues, me ayudarían mucho en esta carrera de la vida.
Cuando ya tenía casi llena la cesta, recordé que me hacía falta un poco de GRACIA, BENDICIÓN, ...
y que no me debía olvidar de la SALVACIÓN Esta la ofrecían GRATIS!!! Entonces tomé una buena porción de cada una:
Suficiente para salvarme y para salvarte!
Caminé hacia el cajero para pagar la cuenta, ya tenía todo para hacer la voluntad del MAESTRO
Cuando iba llegando a la caja, ví la ORACIÓN y la agregué a mi canasta ya repleta. Sabía que cuando saliera la usaría...
La PAZ y la FELICIDAD estaban en unos estantes pequeños, aproveché para cargarlos; la ALEGRÍA colgaba del techo, agarré un paquete para mí.
Llegué al cajero y le pregunté: ¿Cuánto debo? Él sonrió y me contestó: “Lleva tu cesta donde quiera que vayas...”
Una vez más, sonreí y pregunté: “¿Cuánto realmente yo debo ?"
El sonrió otra vez y dijo:
”Hijo mio, no te preocupes,
Jesús pagó la cuenta hace mucho,
mucho tiempo atrás".
Paulo Coelho
www.atanay.com

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