Transformar la Policía Nacional

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Impotencia, desesperación y perplejidad es lo que muestran los rostros de todos los testigos del crimen de Donelly Ramírez, un niño de apenas 11 años, cometido por el cabo de la policía Alejandro Castro, en la ciudad de Santiago, el pasado domingo12. En unas semanas será otro crimen policial olvidado, como ya lo fue el asesinato de la arquitecta Leslie Rosado, embarazada y madre de tres hijos de 15,10 y 5 años, ocurrida en la autopista Las Américas, el 2 de octubre de 2021, por el disparo del cabo de la policía Disla Batista, hecho desde un motor en que la perseguía; o la muerte de David de los Santos, en el destacamento del Ensanche Naco, el pasado abril de 2022; o el asesinato atroz de los dos esposos pastores Joel Díaz y Elizabeth Muñoz, en la autopista Duarte, a manos de una patrulla policial bajo el mando del coronel César Mariñez Roja e integrada por otros 8 miembros. 

La lista puede ser interminable. Basados en datos del INACIF, del año 2017 a octubre del 2021, unas 538 personas fueron muertas a manos de la Policía Nacional (Lounelsi Mateo. Periódico Acento. Edición del 02.05.22). Es pues más que evidente que en el grave problema de inseguridad que padece la ciudadanía, la policía nacional, lejos de ser parte de la solución es parte del problema a resolver. 

Ciertamente, la descomposición de la policía es un mal que viene de lejos. Balaguer, en sus doce años, le dio continuidad a la policía trujillista y la hizo el brazo ejecutor de su política represiva de eliminación, apresamiento y tortura de centenares de dirigentes de izquierda y populares. El perredé en sus dos gobiernos, fuera de los asesinatos y prisión política, dejó intacta la estructura y métodos de la policía. Igual los 5 gobiernos del peledé. Es decir, durante estos 60 años, se ha mantenido la esencia de la policía trujillista y balaguerista, con la agravante de que desde unas décadas para acá una parte de sus miembros y jerarquía participan de las actividades delincuenciales, del narcotráfico y microtráfico, dándole protección y cobrándole peaje a los que operan en los territorios bajo su autoridad. Saber quiénes son o han sido los auspiciadores y los beneficiarios de estos vínculos con las estructuras del crimen organizado no es difícil. La simple indagatoria de los patrimonios que detentan, por medio de testaferros, jerarcas y ex comandantes policiales los dejaría al desnudo. 

Muchas de las inconductas que hoy se reiteran en una parte importante de los miembros de la policía tienen relación directa con la no aplicación de medidas que desde hace décadas se han propuesto reiteradamente y que incluso fueron promesas de campaña del hoy presidente Abinader. Entre ellas: I) la necesidad de la mejoría salarial, que aunque se han hecho aumentos, aún el salario mínimo de un raso está por debajo del equivalente en pesos a los $500 dólares prometido en campaña y cuya implementación hubiera permitido captar para la institución miembros mejor formados; II) aplicación de un rígido criterio de selección que combine, no solo un determinado nivel de formación académica y técnica, sino además equilibrio y madurez mental y psicológico; III) riguroso proceso de depuración de los miembros de la policía para extirpar preventivamente la parte dañada de la institución; IV) proceso permanente de formación en la comprensión de su rol como autoridad responsable de la prevención del delito y garante del respeto de la ley, de las víctimas y de los derechos de los ciudadanos que investiga y persigue; V) rígidos sistemas de control y de investigación de toda actuación policial que pudiera estar reñida con la ley; VI) definido proceso de profesionalización técnica; VII) instauración y respeto estricto de la carrera policial. 

La reiteración de los hechos que involucran a policías en homicidios contra ciudadanos indefensos, como los casos citados en el primer párrafo, la cotidianidad de la ocurrencia de muertes en supuestos intercambios de disparos, la permanente presencia de policías como parte de bandas criminales, las imputaciones que se hace a la policía sobre la protección que dan a bandas criminales, la corrupción presente, todo ello pone en evidencia que es muy poco lo que ha logrado avanzar este gobierno en la mal llamada reforma policial. 

Luis Abinader lleva exactamente 2 años y 6 meses en el gobierno ¿no ha sido este, tiempo suficiente para haber mostrado logros reales en la policía y no que cada semana el país sea testigo de la reiteración de los mismos asesinatos y arbitrariedades que padecemos por décadas? ¿qué intereses tan grandes median o qué grupos de poder son los que impiden que haya sido imposible desmontar una institución que no sirve para garantizar la aspirada seguridad ciudadana? ¿O es que simplemente se carece de la voluntad para hacerlo? ¿O es que realmente el gobierno no sabe qué hacer con la policía? De continuarse el guion exhibido hasta ahora, la llamada reforma policial terminará siendo, como tantas otras veces, no más que un discurso de promesas que finalmente dejará, salvo algunos cambios cosméticos, intacta la estructura policial, la concepción en que se sustenta y los métodos de actuación policial.

El primer error de fondo de este gobierno ha sido hablar de reformar la policía nacional. Se reforma aquello que en lo fundamental está bien pero que requiere se le hagan correcciones o modificaciones para mejorar procedimientos o hacer adaptaciones a nuevas circunstancias. Ese no es el caso de la policía nacional. Como hemos visto una parte importante del cuerpo policial está gangrenado y solo su extirpación de raíz podría, talvez, ayudar a salvar el resto. Por eso, lo que el órgano policial requiere no es reforma sino su transformación de arriba hacia abajo y a los lados, para dar lugar a una Nueva Policía Dominicana, edificada en nuevos valores, principios, estructura y en métodos diferentes de actuación. 

No es ocioso citar aquí la experiencia policial más exitosa operada en el país en las últimas décadas. Me refiero a la creación de la Autoridad Metropolitana del Transporte Terrestre (AMET) por el siempre bien recordado Ing. Hamlet Hermann. Tengo muy presente haberle escuchado decir que originalmente le propusieron crearla partiendo de lo que en ese momento era la policía de tránsito que operaba dentro de la policía nacional, a lo cual se negó radicalmente. Repetía que árbol que crece torcido jamás sus ramas endereza. Su enfoque fue que él podría incorporar, como efectivamente hizo, guardias y policías, pero seleccionados en base a un riguroso sistema de evaluación, y sometidos a una nueva disciplina y principios de actuación, porque de lo que se trataba era de formar una nueva policía que se encargaría de la dirección del tránsito terrestre y que esta institución no podía nacer contaminada por las viejas prácticas de macuteo y arbitrariedad. Hamlet hizo prevalecer su criterio y, como sabemos, la AMET, por lo menos mientras estuvo dirigida por él, fue un cuerpo integrado por policías conscientes de su rol de prevención y orientación del tránsito. La AMET y sus miembros se revistieron frente a la ciudadanía de una mística de honestidad, capacidad, autoridad y respeto que 25 años después se recuerda con admiración.

Guillermo Moreno es abogado y político. Presidente de Alianza País.