Ucrania: La narrativa de los conflictos bélicos

Aunque en déficit mundial, la democracia y sus instituciones tienen mucho “soft power”. Es atractiva, persuasiva, tiene sex appeal. Ahí radica su hegemonía y vigencia. Ahora bien, es vital entender que la democracia no es un producto de exportación ya que es la cultura y la tradición de una nación lo que determinan sus preferencias políticas. 

La experiencia histórica de Occidente no es la de China, ni la de los países musulmanes. Europa pasó por la Edad Media, después por el Renacimiento donde pusieron al ser humano como el centro de la creación, después vino Descartes que dividió “la divinidad, el hombre y la naturaleza”, más adelante vino Newton y concibió el universo como un gran mecanismo medible y hasta cierto punto predecible, pasaron por la Ilustración que ha puesto la duda en el centro del debate racional. La democracia es un producto netamente Occidental, científica, filosófica y políticamente hablando. 

Hoy estamos en la cuarta revolución industrial la cual no es mecánica, sino cuántica, pero el déficit de la democracia es tan real, que sería imposible acordar por consenso la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y como hemos expresado anteriormente, con la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética se cometió el error de tratar a Rusia como la derrotada, cuando el derrotado fue el comunismo. 

Por ello es oportuno ponderar que para abordar y gestionar conflictos existen varias metodologías, una de las más interesantes es la Metodología Narrativa. Nos permite valorar y entender los argumentos que sostienen las partes confrontadas. 

Un ejemplo actualmente en desarrollo se evidencia en la Guerra de Ucrania. Por un lado, encontramos la interpretación pro rusa, la cual establece su foco en el avance de la OTAN que, de 12 naciones fundadoras, hoy son 30, muchas de ellas pertenecientes a la antigua Unión Soviética. Lo que el Kremlin interpreta como una amenaza creciente para la seguridad de Rusia, argumento con el que intenta justificar la invasión.

El argumento opuesto, es la interpretación pro norteamericana que se fundamenta en “los delirios imperialistas y la locura tiránica” de Putin. Motor de una invasión ofensiva que el Kremlin intenta disfrazar como defensiva. 

Aunque la narrativa de Putin pudiera tener parte de la verdad, pues en efecto, el crecimiento de la OTAN bien puede representar una preocupación legítima para Rusia. Hay que decirlo con claridad, eso jamás es causa justificada para invadir Ucrania, y sí representa una violación flagrante al Derecho Internacional y de los pactos previamente firmados por las partes.

Además, el gobierno ruso autodescalifica su argumento defensivo, cuando afirma reiteradamente que “Ucrania no es una nación con derecho propio ya que es parte integral de Rusia, su historia y su cultura”. Invocando indirectamente la vigencia del “choque de civilización con tintes religiosos de Eurasia contra Occidente. En el marco del enfoque de Putin, Moscú es la ‘tercera Roma’, centro de un dominio claramente antieuropeo…” (F. Mires).

De esta forma se fortalece el argumento de que no es la OTAN la que ha avanzado en esta parte del mundo, sino que es la democracia y la libertad de Occidente la que ha ganado terreno. Y que son los países antes sometidos a la esfera soviética y fronterizos los que buscan garantizar su libertad con la integración a la OTAN, para protegerse del Kremlin. Como lo estamos viendo también con Finlandia y Suecia que ya anunciaron su adhesión a la OTAN.

Un reconocimiento que la democracia y el libre mercado es atractiva para este conjunto de países, que han mejorado su nivel de vida en las últimas décadas. Conviviendo con la vigencia del pluralismo, la libertad de expresión, el estado de derecho, el respeto a los derechos humanos, vigentes en Europa. Los hechos parecen evidenciar que es precisamente el temor al modelo político económico de Rusia, lo que explica su pérdida de atractivo para los países de Europa del Este. 

Los temores anunciados por Putin se convirtieron en una profecía autocumplida, que resultó ser justo lo opuesto a lo que quería alcanzar con la invasión: Quería intimidar a sus vecinos para que no se adhieran a la OTAN, pero la acción militar directa, demostró justo cuán importante es ser miembro de la alianza. 

El plan estratégico político-militar de EE. UU. contra Rusia, originalmente elaborado por la Rand Corporation y presentado al Congreso Norteamericano el 5 de septiembre del 2019 bajo el título “Overextending and Unbalancing Russia”, se está cumpliendo al pie de la letra. Putin mordió el anzuelo, al autorizar la invasión. Perdió la oportunidad una vez asentadas sus fuerzas militares en la frontera con Ucrania, el momento apropiado para negociar y obtener la “finlandización” de Ucrania. Es decir, su neutralidad. Hoy es esa neutralidad la que pocos quieren asumir por el miedo real de ser invadidos por Putin.

Mientras tanto, Vlodomyr Zelensky reafirma el argumento central de Ucrania y de esta guerra: “Estamos en el epicentro de la confrontación de dos ideas: la idea democrática europea de que la libertad y la vida de todos importa y la cruel idea tiránica de que sólo importa quién puede someter a otras personas”.

Nelson Espinal Báez Associate MIT – Harvard Public Disputes Program at Harvard Law School. Presidente Cambridge International Consulting.

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