Una prima donna llamada Ivonne Haza

En el país dominicano se nos van las grandes figuras del arte y las letras, sin que se produzca un estallido de reconocimiento, gratitud y veneración, acorde con las contribuciones que esas personalidades han hecho en el desarrollo de la cultura nacional. Aún más: al paso del tiempo van siendo conducidas al granero del olvido, que es una de las acciones humanas más ingratas y nocivas, primero porque se invalidan proyecciones, afectando la historia cultural, y segundo, porque dejamos en el imaginario de las masas, en su gran mayoría desafecta a los valores que esas personalidades han engendrado, la falsa convicción de que lo que vale es solamente lo actual, lo inmediato, las baratijas del suceso en boga, y no la siembra, la cosecha, lo que ha dado nombre y permanencia a lo que somos como pueblo, como nación y como fuerza de identidad del patrimonio artístico.

Se despiden de la vida Aída Bonelly o Marcio Veloz Maggiolo, por ejemplo, y es poco lo que se hace para destacar sus aportes, para elevar los valores legados y para mantener vivos los derroteros de vida entregados por décadas a los oficios nobles del arte o de la escritura, renglones con todos sus altibajos que son constitutivos del alma nacional, de esa edificación de saberes y melodías, de letra y canto, tan esenciales en la conformación del espíritu colectivo, aún de aquellos que ignorando esa realidad, hundidos en sus miserias cotidianas, desconocen que son también beneficiarios de esas vidas ilustres y sus aportes a la sociedad.

Ahora se nos ha ido Ivonne Haza que, como afirma José Alcántara Almánzar, “más que un nombre en la música dominicana es un símbolo de lo más elevado del arte insular durante más de medio siglo de actividad ininterrumpida en los escenarios nacionales y extranjeros”. Y pareciera como si no hubiese pasado nada. Cuando murió Aída Bonelly, y sobrevino el mismo silencio, yo escribí que una dama como ella no debía irse así, como si nada. Lo mismo repito ahora. Ivonne Haza fue un auténtico suceso de la historia musical del país, una criatura celeste que elevó con su canto el espíritu nacional, y una dama de exquisitas formas que fue ejemplo de vida para sus compatriotas, como artista y como mujer. ¿Acaso no debería merecer ella los honores que se rinden tantas veces a otras personas de haberes diferentes, elevados en sus momentos como paradigmas, los sean o no? ¿La bandera nacional no debió cubrir su féretro y un regimiento de artillería rendirle honores? El arte en cualquiera de sus manifestaciones, la escritura literaria, la labor académica, el ejercicio cultural desde cualquier rama, es un contribuyente esencial y dinámico en la vida de los pueblos, con toda seguridad su patrimonio esencial, pero pareciese que eso no se reconoce ni se acepta y por eso se nos van nuestros más preciados tesoros de la letra y la música sin que, con acciones concretas y no tan solo con simples pésames, hagamos saber a nuestros conciudadanos lo que significaron y siguen significando esas personalidades en nuestro discurrir histórico.

Ivonne Marie Haza del Castillo nació en San Pedro de Macorís. Desde pequeña mostró el don recibido a sus congéneres, y la música fue su acento y su vitalidad, el pilar de su entramado humano, y la reliquia que sería su voz el arma con la cual creó una pasión y una presencia en los escenarios del arte. Llevaba consigo la cubanía de parte de su padre, y como ella relataba, el patriotismo y la cultura del lado de su progenitora, pues en sus ancestros figuran los nombres de Manuel Rodríguez Objío, Luis Conrado del Castillo y de la educadora Dolores Rodríguez Objío. Temprano pues, infante aún, estaba en el escenario de su colegio mostrando sus habilidades para el arte, lo que la llevará años después a educar su voz y a dominar la técnica del oficio con reconocidos profesores extranjeros establecidos en Santo Domingo y luego en el prestigioso Conservatorio de Santa Cecilia, en Roma.

Entonces, inició formalmente su historia. Su voz resonó por más de cinco décadas ofertando el bellarte del canto lírico, junto a las canciones del litoral musical criollo, con sus matices esplendorosos, su estilo tan peculiar, sus registros vivaces, su vocalización espléndida, su decir interpretativo de técnica depurada. Su amplio recorrido la llevó a colocar su voz privilegiada a las composiciones más deslumbrantes de la música clásica: de Haydn a Gounod, de Mozart a Vivaldi, de Beethoven a Berlioz, de Donizetti a Mascagni. De la Santuzza de Cavalleria Rusticana de Mascagni al Ave María de Schubert Y, al mismo tiempo, a sus favoritos de la composición musical dominicana: Julio Alberto Hernández, Luis Rivera, Bienvenido Bustamante, Rafael Solano, Mercedes Sagredo, Enrique de Marchena, entre otros muchos. Sus villancicos hicieron historia en cada diciembre y son históricas sus interpretaciones de melodías de autores populares y clásicos de más de veinte países. Manuel Rueda, Vicente Grisolía y María de Fátima Geraldes le acompañaron muchas veces al piano en memorables recitales. Inolvidables fueron sus presentaciones con el grupo Ars Nova de Francois Bahuaud.

A toda esa labor, Ivonne agregó su rol educativo, de animación artística y en el funcionariado cultural. Tuvo escuela propia por más de tres décadas para enseñar a cantar a quienes llegaron en su búsqueda para emprender la pasión de la voz cantora; la empresa privada le brindó apoyo para impulsar la labor artística en su territorio; y ocupó funciones de principalía en el tren cultural. De modo que a su labor de soprano excepcional aunó la de gestora cultural de aportes múltiples.

De aquel lejano diciembre de 1950 cuando siendo estudiante del colegio Luis Muñoz Rivera, con apenas 12 años de edad, se estrena como solista en el montaje de la Opereta Ciottolino, de Luigi Ferrare Trecate, en el Teatro Olimpia (función que se repetiría luego en el hoy auditorio Enriquillo Sánchez del ministerio de cultura), hasta su participación en el concierto navideño del Coro Nacional en el Convento de los Dominicos en otro diciembre, pero del 2007, transcurrieron nada más ni nada menos que ¡57 años! de presencia activa en los escenarios nacionales y extranjeros. Cerca de seis décadas siendo protagonista insigne del canto lírico sin desdeñar en su amplísimo repertorio a los compositores dominicanos. Poco tiempo después, tendría yo la fortuna de ser parte de su despedida de los escenarios cuando puso punto final, en el Palacio de Bellas Artes, a su inmensa carrera. Gloria Nacional de la Música Dominicana, Ivonne Haza es la prima donna indiscutible e invariable de la canción lírica de nuestra patria, ahíta de héroes y necesitada de rellenar sus alforjas históricas de heroínas culturales de estirpe, como esta gran mujer que ahora nos deja, a quien el arte, la música, el canto, la animación cultural, no le impidieron forjar una hermosa familia, depositaria de la herencia de su trayectoria para que esta sociedad la recuerde siempre.

En la tierra de Eduardo Brito, Olga Azar, Rafael Sánchez Cestero, Marianela Sánchez, Fausto Cepeda, Frank Lendor, Henry Ely, Austria Calderón, Gladys Pérez, Ondina Matos, Teresa Pérez Frangie, Arístides Incháustegui, Francisco Casasnovas, y otros muchos grandes valores del canto lírico, Ivonne Haza brilló para que su nombre quede por siempre grabado con letras de oro en la historia de la cultura dominicana. Me atrevería a decir que ella es la voz cantora por excelencia de nuestra historia musical, junto a Eduardo Brito. Que prontamente una calle, una escuela, un edificio cultural, lleve su nombre para que no se olvide lo que significó ella para el país de la cultura y para la nación toda.

LIBROS

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    Wilson Roberts Hernández, Banco Central, 2009, 335 págs. Biografía autorizada de nuestra gran cantante lírica, fallecida el pasado día 16, a los 83 años de edad, escrita por el autor de la biografía de Eduardo Brito. Con prólogos del maestro Julio de Windt y del escritor José Alcántara Almánzar.

    IVONNE HAZA | LA DIVA DOMINICANA

    Wilson Roberts Hernández, Banco Central, 2009, 335 págs. Biografía autorizada de nuestra gran cantante lírica, fallecida el pasado día 16, a los 83 años de edad, escrita por el autor de la biografía de Eduardo Brito. Con prólogos del maestro Julio de Windt y del escritor José Alcántara Almánzar.

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    <em>1966 – 1996</em>, Arístides Incháustegui, Blanca Delgado Malagón, Banco de Reservas, 1999, 561 págs. Invaluable volumen que recoge toda la vida musical dominicana durante treinta años, en una investigación de estos dos historiadores imprescindibles de la historia artística del país. ” data-src=”https://resources.diariolibre.com/images/2022/06/22/imagen-de-la-pantalla-de-un-celular-de-un-mensaje-en-letras-blancas-dbc627b4.jpg” height=”480″ width=”631″></img></picture></figure>
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<p><span><strong>VIDA MUSICAL EN SANTO DOMINGO</strong></span></p>
<p><em>1966 – 1996</em>, Arístides Incháustegui, Blanca Delgado Malagón, Banco de Reservas, 1999, 561 págs. Invaluable volumen que recoge toda la vida musical dominicana durante treinta años, en una investigación de estos dos historiadores imprescindibles de la historia artística del país.</p>
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    Eckhardt van del Hoogen, Taurus, 2008, 423 págs. Todo lo que hay saber para adentrarse en el mundo de la música clásica. Una forma de aproximarnos a ella de modo entretenido y refrescante, permitiendo conocer las biografías, anécdotas y aspectos fundamentales de los grandes genios musicales.

    EL ABC DE LA MÚSICA CLÁSICA

    Eckhardt van del Hoogen, Taurus, 2008, 423 págs. Todo lo que hay saber para adentrarse en el mundo de la música clásica. Una forma de aproximarnos a ella de modo entretenido y refrescante, permitiendo conocer las biografías, anécdotas y aspectos fundamentales de los grandes genios musicales.

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    Alex Ross, Círculo de Lectores, 2009, 798 págs. Escuchar al siglo XX a través de su música. Desde la Viena de antes de la primera guerra mundial hasta el París de los años veinte; desde la Alemania de Hitler o la Rusia de Stalin hasta el Nueva York de los años sesenta. Un paseo por el laberinto del sonido moderno.

    EL RUIDO ETERNO

    Alex Ross, Círculo de Lectores, 2009, 798 págs. Escuchar al siglo XX a través de su música. Desde la Viena de antes de la primera guerra mundial hasta el París de los años veinte; desde la Alemania de Hitler o la Rusia de Stalin hasta el Nueva York de los años sesenta. Un paseo por el laberinto del sonido moderno.

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    Enrique Franco, Fundación Albéniz, 2006, 447 págs. Prologado por Paloma O’Shea, este libro recoge las “notas al programa” que este autor escribiese para los conciertos de la Sinfónica de Radio Televisión Española. Glosas escritas con orden y concierto, de gran utilidad y orientación.

    ESCRITOS MUSICALES

    Enrique Franco, Fundación Albéniz, 2006, 447 págs. Prologado por Paloma O’Shea, este libro recoge las “notas al programa” que este autor escribiese para los conciertos de la Sinfónica de Radio Televisión Española. Glosas escritas con orden y concierto, de gran utilidad y orientación.

José Rafael Lantigua, escritor, con más de veinte libros publicados. Fundador de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española. De 2004 a 2012 fue ministro de Cultura.

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